viernes, 10 de julio de 2009

2 EL NUDO: FUNCIÓN, SÍMBOLO Y TIPOLOGÍAS. OBJETOS ARTÍSTICOS, DECORATIVOS Y FUNCIONALES

Programa.
OBJETIVOS:
-Conocer las diferentes tipologías de nudos.
-Desarrollar la destreza necesaria en la ejecución de nudos de distinto tipo.
-Caracterizar, diferenciar y diseñar objetos artísticos, decorativos y funcionales.
CONTENIDOS:
-El Nudo:-función.-símbolo.-tipología.
-Objetos textiles:-artísticos.-decorativos.-funcionales.
DURACIÓN:
Introducción: 3 hora.
Objeto funcional: 8 horas.
Objeto decorativo: 8 horas.
Objeto artístico: 8 horas.
Conclusiones finales: 1 hora.
Total: 28 horas.
ACTIVIDADES:
-Charla introductoria con explicación-realización de tipos de nudos.
-Tras analizar las características del objeto funcional, realizar un objeto textil funcional con la técnica de nudos.
-Tras analizar las características del objeto decorativo, realizar un objeto textil decorativo con la técnica de nudos.
-Tras analizar las características del objeto artístico, realizar un objeto textil artístico con la técnica de nudos.
-Por último, se dedicará una hora a extraer las conclusiones finales.
CRITERIOS DE EVALUACIÓN:
-Saber elegir y aplicar los nudos necesarios para la ejecución de piezas textiles.
-Conocer las características y diferencias entre función, decoración y arte.
-Ser capaz de diseñar y elaborar objetos textiles funcionales, decorativos y artísticos.

Refranes.
Si no echas nudada, perderás la puntada.
Añudadura floja, más que sirve, estorba.
Nudo ciego no se desata luego; mejor se desata si es lazada.
Ñudo hagas que deshagas.

Chiste.


Diccionario Real Academia.
nudo1. (Del lat. *nudus, por nodus.) m. Lazo que se estrecha y cierra de modo que con dificul­tad se pueda soltar por sí solo, y que mientras más se tira de cualquiera de los dos cabos, más se aprieta. 2. En los árboles y plantas, parte del tronco por la cual salen las ramas, y en estas, parte por donde arrojan los vástagos, que es siempre más dura y firme que lo demás de la madera, por lo que se distingue en ella, y tiene por lo regular figura redon­deada. 3. En algunas plantas y raíces de ellas, parte que sobresale algo y por donde parece que están unidas las partes de que se compone; como en las cañas, bejucos, etc. 4. Bulto o tumor que suele producirse en los tendones o en los huesos, por enfermedad de aquellos, o por rotura de estos cuando se vuelven a unir. 5. En los animales, unión de unas partes con otras, especialmente de los huesos, como se ve en la cola de algunos. l 6. ligamen. 7. Lugar en donde se unen o cruzan dos o más sistemas de montañas. 8. Lugar donde se cruzan varias vías de comu­nicación. 9. Enlace o trabazón de los sucesos que preceden a la catástrofe o el desenlace, en los poemas épico y dramático y en la novela. 10. fig. Principal dificultad o duda en algunas materias. 11. fig. Unión, lazo, vínculo. El NUDO del matrimonio; el NUDO de las voluntades. 12. Mar. Cada uno de los puntos de división de la corredera. 13. Mar. Trayecto de navegación que se mide con cada una de estas divisiones. 14. Mar. Refiriéndose a la velocidad de una nave, equivale a milla por hora. Navegábamos a tantos NUDOS. ciego. El difícil de desatar, o por muy apretado, o por su forma especial. de tejedor. El que se hace uniendo los dos cabos y formando con ellos dos lazos encon­trados; y, apretándolos, es nudo que no se puede desatar. de tripas. miserere, cóli­co. en la garganta. Impedimento que se suele sentir en ella y estorba el tragar, hablar y algunas veces respirar. 2. fig. Aflicción o congoja que impide el explicarse o el hablar. gordiano. El que ataba al yugo la lanza del carro de Gordio, antiguo rey de Frigia, el cual dicen que estaba hecho con tal artificio que no se podían descubrir los dos cabos. 2. fig. Cierto juego de sortijas. 3. fig. Cual­quier nudo muy enredado o imposible de desatar. 4. fig. Dificultad insoluble. mari­nero. El muy seguro y fácil de deshacer a voluntad. atravesársele a uno un nudo en la garganta, fr. fig. No poder hablar por susto, pena o vergüenza. dar, o echar, otro nudo a la bolsa. fr. con que se denota la resistencia para soltar dinero.

Simbología.
Anillo.
Como todas las figuras redondas y cerradas, es un símbolo de la continuidad y de la totalidad, por lo cual ha servido lo mismo como emble­ma del matrimonio (como la pulsera y por igual razón) o del tiempo en eterno retorno. A ve­ces, el anillo se presenta teriomórfico, como serpiente o anguila que se muerde la cola (Ou-roboros); otras en forma lisamente geométrica. Es interesante reseñar que el anillo, en di­versas leyendas, constituye un residuo de cade­na. Por ello se supone que cuando Júpiter per­mitió que Hércules liberase a Prometeo fue con la condición de que éste llevara una sortija de hierro donde se engastara un fragmento de roca del Càucaso, a fin de que se cumplimentara en cierta manera el castigo impuesto (símbolo de reducción). Otra modalidad de anillo es el círculo de llamas que rodea a Shiva como danzarín cósmico, que puede asimilarse a la rue­da del zodíaco; como ésta y el Ouroboros de los gnósticos, tiene una mitad activa y otra pa­siva (evolución, involución); indica el proceso vital del universo y de cada una de sus criatu­ras, la danza y rueda de la naturaleza que se crea y destruye de continuo. Al tiempo, la luz que irradia el anillo de llamas simboliza la energía de la eterna sabiduría y la iluminación trascen­dental.(*)

Collar.
En el sentido más general, el collar compuesto de múltiples cuentas ensartadas expresa la uni­ficación de lo diverso, es decir, un estadio in­termedio entre la desmembración aludida por toda multiplicidad (siempre negativa) y la ver­dadera unidad de lo continuo. Como cordón que es también, el collar es un símbolo de re­lación y ligazón, cósmico y social. Por su colo­cación en el cuello o sobre el pecho adquiere relación con estas partes del cuerpo y los signos zodiacales que les conciernen. Como el cuello tiene relación astrológica con el sexo, el collar simboliza también un vínculo erótico.(*)
Adornos de metal, perlas y pedre­rías, más o menos suntuosos, llevados por los hombres y por las mujeres, por los vivos y por los muertos, que se hallan en todas las civilizaciones y que tienen a menudo un va­lor de amuleto y propiedades mágicas. Aparte de su papel de adorno, el collar puede significar una función, una dignidad, una recompensa militar o civil, una atadura (esclavo, prisionero, animal doméstico).
De manera general simboliza un lazo entre quien lo lleva y quien lo ha ofrecido o impuesto. Por esta razón, toma a veces una significación erótica.
En un sentido cósmico y psíquico simboliza la reducción de lo múltiple a lo uno, una tendencia a poner en su sitio y en un orden una diversidad más o menos caótica. En sentido inverso, deshacer un collar equivale a una desintegración del orden establecido o de los elementos reunidos.
La mitología céltica no conoce más que un collar: el del juez mítico Morann, que tenía como particularidad la de estrecharse en torno al cuello de su propietario cuando éste último pronunciaba una sentencia inicua, y ensancharse por lo contrario cuando pronunciaba una sentencia justa.(**)
El collar es básicamente un adorno, pero siempre se ha utilizado con el fin adicional de servir de escudo protector de enfermedades y posibles ame­nazas y de los efectos de las mal­diciones, hasta el punto de ha­berse erigido en amuleto cuyo poder se refuerza en función de los materiales de que esté hecho, como coral, ámbar, plata, etc. Los collares de oro simbolizan un eslabón que permite al hom­bre encadenarse con Dios, ade­más de que establecen una unión estrecha entre el que lo regala y el que lo recibe. Si se rompe un collar de perlas y las cuentas caen al suelo, su due­ña corre peligro de caer enferma.(***)

Cinturón.
El cinturón o cinto es un símbolo de la protec­ción del propio cuerpo, que implica las virtu­des «defensivas» (morales) de la persona, siendo alegoría de la virginidad. Es notable que, con las espuelas de oro, el cinturón fuera atributo del caballero medieval, manteniendo sin duda su significado. De otro lado, cuando el cinturón aparece asociado a Venus adquiere un contexto fetichista erótico.(*)
El cinturón, que se cierra en torno a la cintura (los riñones suelen vin­cularse a los impulsos) y sustenta aque­llas prendas que ocultan la sexualidad, se ha empleado predominantemente como símbolo del dominio y contención de los instintos sexuales. Pero además, la forma en la que se ciñe ha inspirado matices si­milares a los del nudo y las ataduras (con­solidación de un lazo).
La tradición judeocristiana ha recogi­do ambos simbolismos en los cinturones mencionados en la Biblia y en aquellos que visten ermitaños, monjes y sacerdo­tes. Estos últimos se consideran símbolo de control (y anulación) de los instintos sexuales y del lazo que asumen con el Se­ñor. Por ello también los ángeles suelen representarse con esta prenda. Aun hoy en día, esa relación establecida con los actos de voluntad queda patente en ex­presiones populares como “ceñirse” o “apretarse el cinturón”.
En el hinduismo, los rituales de ini­ciación también conllevan la imposición de un cinturón, que manifiesta la volun­tad del iniciado y el nuevo lazo que éste adquiere. Por esta fuerte asociación a la voluntad, que vemos en muy diferentes culturas, el cinturón pasa a ser también alusión a la fortaleza; es el caso del cinturón del dios nórdico Thor.
Pero el cinturón, sobre todo, esconde numerosas referencias sexuales, muy visi­bles en tradiciones romanas, griegas, chi­nas e hindúes que tienden a repetir un ceremonial en el que el novio desata el cinturón de su prometida. La interpreta­ción resulta sencilla, debemos ver en esa costumbre una entrega de la sexualidad y, en ocasiones, incluso de la virginidad. Como consecuencia del mismo simbolis­mo, a las prostitutas medievales se les prohibía llevar cinturón y a las amazonas de la mitología grecolatina, que contro­lan su sexualidad con frialdad, se las re­presenta siempre con él. También entre griegos y romanos encontramos una cu­riosa referencia más: según sus narracio­nes, el cinturón de Afrodita, diosa griega del amor, Venus entre los romanos, ofre­cía un poder de atracción irresistible a todo el que lo contemplaba.
Encontramos un último ejemplo de esta simbología entre los pueblos mongo­les, donde los hombres que se alejaban de una mujer con la que habían mantenido relaciones sexuales le entregaban su cinturón, que sería símbolo de su matrimonio si llegara a nacer un hijo.(****)

Cerrojo.
En el lenguaje jeroglífico egipcio, este signo re­presenta el nexo que une los dos batientes de una puerta, simbolizando por analogía la vo­luntad de fijar un estado de cosas determinado sin posibilidad de rectificación.(*)

Escala.
Es un símbolo universal que ofrece a lo largo del mundo significados muy similares. El simbolismo fundamental de la escala, del que derivan otros secunda­rios, se encuentra en estrecha relación con la comunicación entre el cielo y la tierra. Por tanto, está muy vinculada con la verticalidad e indica una ascensión gradual (peldaños que hay que subir uno a uno) y una vía de unión y comunicación de doble sentido (ascenso y descenso) entre esos planos de la realidad.
La idea de una escala imaginaria que une el cielo y la tierra y que permite subir y bajar a la divinidad es común a casi to­das las culturas. De igual manera se esta­blecen siempre una serie de escalones, de diferentes metales o colores (siete generalmente) que están relacionados con la consecución de la perfección espiritual, es decir, cada peldaño, color y metal correspondería a diversos grados de espiri­tualidad (más elevada conforme se gana en cercanía al cielo).
Así, en el budismo Buda baja del monte Meru a través de una escala que tiene siete colores. En la religión védica, la escala de los misterios del mitraísmo tiene siete peldaños y cada uno de ellos está realizado en siete metales diferentes.
El mismo sentido tiene en la Biblia, donde la escala celestial del sueño de Ja­cob, por donde suben y bajan los ángeles, simboliza los diversos estados de perfec­ción espiritual que el hombre va adqui­riendo poco a poco hasta llegar al cielo y, por tanto, a Dios. Como lugares de reco­gimiento y perfección espiritual, los mo­nasterios medievales también fueron comparados con escalas porque en su in­terior el monje podía ascender hacia el cielo llegando a la comunión con Dios. Por ello, muchos monasterios cistercienses y cartujos son conocidos con el nom­bre de Scala dei (escalera de Dios). En la Biblia (concretamente en el Antiguo Testamento), aunque la de Jacob es la más famosa, aparecen también otras esca­las con idéntico sentido, como los pisos del Arca de Noé o los peldaños del trono de Salomón. La utilización del simbolis­mo de la escala con diversos peldaños su­cesivos por los que debe ascender el alma hacia el reino celestial será una constan­te en los escritos de la patrística medie­val. Es una especie de peregrinación, sembrada de dificultades (de ahí la repre­sentación en el arte de la escala de las vir­tudes, en la que los seres humanos as­cienden por los peldaños rodeados de demonios) que hay que vencer para as­cender un nuevo escalón.
Una escala especial que sí es visible aunque etérea es la que representa en ciertas concepciones (de los indios america­nos, por ejemplo) el arco iris. Comparte las ideas ya comentadas y sus siete colores se pueden interpretar como los clásicos siete escalones o estadios de perfección es­piritual que aparecen en otras culturas.(****)

Máscara. Isla de Tami, Nueva Guinea.
Museo Etnográfico de Budapest.

Máscara.
Todas las transformaciones tienen algo de profundamente misterioso y de vergonzoso a la vez, puesto que lo equívoco y ambiguo se pro­duce en el momento en que algo se modifica lo bastante para ser ya “otra cosa”, pero aún si­gue siendo lo que era. Por ello, las metamorfo­sis tienen que ocultarse; de ahí la máscara. La ocultación tiende a la transfiguración, a facilitar el traspaso de lo que se es a lo que se quiere ser; éste es su carácter mágico, tan presente en la máscara teatral griega como en la máscara reli­giosa africana u oceánica. La máscara equivale a la crisálida. Unas máscaras muy especiales son las que se usan en las ceremonias de iniciación de algunos pueblos de Oceanía, según Frazer. Los jóvenes mantienen los ojos cerrados y el rostro cubierto con una máscara de pasta o gre­da. Aparentan no entender las órdenes dadas por un anciano. Gradualmente se recuperan. Al día siguiente se lavan y se limpian la costra de greda blanca que les tapaba los rostros e inclu­so los cuerpos. Con ello finaliza su iniciación. Aparte de este significado, el más esencial, la máscara constituye una imagen. Y tiene otro sentido simbólico que deriva directamente del de lo figurado de tal suerte. Llega la máscara, en su reducción a un rostro, a expresar lo solar y energético del proceso vital. Según Zimmer, Shiva creó un monstruo leontocéfalo de cuerpo delgado, expresión de insaciable apetito. Cuan­do su criatura le pide una víctima que devorar, el dios le dice que coma de su mismo cuerpo, cosa que el monstruo realiza reduciéndose a su aspecto de máscara. Hay un símbolo chi­no, llamado T'ao T'ieh, la “máscara del ogro”, que pudiera tener un origen parecido.(*)
La máscara tiene el poder de sacar a relucir la doble personalidad que todo individuo posee; de ahí que en ocasiones se erigiese en objeto mágico útil como medio de apropiación de la personalidad de otro. Que una persona desapareciese durante la celebración del carnaval se atri­buía al hecho de que se hubiese colocado una máscara sobre el rostro, lo que condujo a conside­rar tal conducta como suma­mente peligrosa, pues al fin y al cabo la máscara es siempre el rostro de “otro”.(***)
La ocultación del rostro con una más­cara, generalmente con forma monstruosa, constituía un recurso me­diante el cual las culturas primitivas ahu­yentaban mágicamente a los enemigos y se apropiaban así de las fuerzas de los ani­males o personas a que hacían alusión. No debemos pensar que este significado es sólo simbólico. Aún hoy en día algu­nos pueblos del Indico (con desarrollos culturales semejantes a los del Paleolítico y que habitan territorios aislados de la in­fluencia de las grandes civilizaciones de su entorno) basan su fuerza militar en este tipo de estratagemas.
Pero con el desarrollo de las grandes sociedades estatales, el sentido de las máscaras quedó ya relegado a aspectos meramente simbólicos. En Oriente, por ejemplo, se emplearon frecuentemente con fines funerarios, pretendiendo man­tener el rostro del difunto tras la muerte para que en la reencarnación siguiese ese modelo.
En la cultura grecorromana fueron un recurso constante en las representaciones teatrales, ya fueran cómicas o dramáticas. Pese a ello, no debemos interpretarlas como algo frívolo o meramente decorativo, sino que con ellas se pretendió capturar realidades y sensibilidades metafísicas.
El uso actual de las máscaras, sobre todo en los carnavales, viene a simbolizar una pérdida de la propia identidad para pasar a convertirse, durante unos momentos, en otra persona o ser, escapando así de la monotonía en un ambiente de fiesta y alegría, y participando también en la pervivencia de antiguos ritos de in­versión de las relaciones sociales.(****)

Red.
La red es la forma extrema de la lacería y del li­gamento, por ello está íntimamente asociada a los símbolos del envolvimiento y la devoración. Es el arma de los dioses uránicos, como Varuna, y de los que pescan en el océano del inconsciente. Ea, divinidad de las aguas y de la sabiduría, no lucha frente a frente con los mons­truos primordiales, sino que los ata. El arma de Marduk en su combate con Tiamat es también la red, símbolo de soberanía mágica. La co­nexión cielo-red puede quedar explicada por el siguiente pasaje del Tao-te-king: “La red del cie­lo (estrellas, constelaciones) es de malla amplia pero no pierde nada”. Este simbolismo ex­presa en su máxima agudeza la idea de que no es posible salir por propia voluntad (ni, natural­mente, por el suicidio) del universo.(*)
1. La red era en Roma el arma de una cierta categoría de gladiadores, los retiarios. Servía para inmovilizar al adversario, ence­rrándolo entre las mallas donde se hallaba a la merced del vencedor. Este arma temible es en psicología el símbolo de los complejos que traban la vida interior y exterior y cuyas mallas es tan difícil desenredar y des­atar.
2. En la Biblia, las redes expresan también la angustia:
Los lazos de la muerte me acordonan,
las redes del seol;
la angustia y el fastidio me poseen,
llamo el nombre de Yahvéh:
¡Ah Señor, salva mi vida! (Sal 116,3-4).
En el Evangelio, las redes simbolizan la acción divina, que tiende a recoger a los hombres para introducirlos en el reino de los ciclos después del juicio final: “El reino de los cielos es semejante a una red barrede­ra que se echa al mar para recoger de todo. Cuando estuvo llena, los pescadores la saca­ron a la orilla, se sentaron y recogieron lo bueno en canastos, y echaron fuera lo malo. Así ocurrirá al fin del mundo” (Mt 13,48-49).
En algunas tradiciones orientales, unos dioses están provistos también de redes para coger a los hombres en sus lazos, para some­térselos o para atraérselos. Los analistas ven en estas imágenes símbolos de la búsqueda, en lo inconsciente, de la anamnesis que debe traer de nuevo al umbral de la concien­cia, cual peces de las profundidades, los recuerdos más lejanos y más rechazados. El propio cielo se compara a veces a una red, y las estrellas son como los nudos de invisibles mallas; lo que significaría la imposibilidad de escapar a este universo y al dominio de sus leyes.
3. Según la tradición irania es el místico quien, al contrario del hombre, se arma de una red para intentar captar a Dios. En cier­tas obras originales y especialmente en el Dawar-y Damyari, la tradición de los Fieles de Verdad perteneciente al islam chiíta del Irán, se ha desarrollado abundantemente este tema de símbolos múltiples, único por su extensión y originalidad en el pensamien­to religioso de esta tierra y de la tradición islámica.
Aunque el aspecto concreto de red haya salido del folklore iranio y de los relatos ca­ballerescos de los 'ayyar (equivalente de al­guna manera al caballero de la época feudal europea), así como de la literatura de las corporaciones, la red es un arma esencial­mente espiritual que ha sido confiada a Pir-Binyamin, manifestación del ángel Gabriel y de Jesucristo.
Este arma llamada dam que nosotros tra­ducimos por red y sus diversas formas aso­ciadas (lazo, caña de pescar, trampa...) sim­boliza un poder sobrenatural que Binyamin detenta. Como consecuencia del pacto de alianza establecido entre Dios y sus ángeles en la eternidad, le fue prestada la red a Binya­min, como el receptáculo de las fuerzas divi­nas, atribuyéndole así la función de cazador divino.
La red simboliza igualmente todas las ca­pacidades y virtualidades de la humanidad en la persona de Binyamin, creada por Dios antes incluso que el mundo visible, y que re­presenta al hombre primordial consagrado a la sublimación de su ser.
Dado que la divinidad se simboliza por un águila real, la red es el arma destinada a capturarla, es decir la posibilidad de reivin­dicar el cumplimiento de la promesa divina de la encarnación.
Si Binyamin es el detentador por excelen­cia de la red, simboliza en sí mismo la bús­queda apasionada de la divinidad por el hombre. Esta búsqueda, o “caza mística”, evoca la idea de una lucha encarnizada de la humanidad representada por el ángel Binya­min, su mediador, y de un esfuerzo sin el cual la divinidad escapa a quien la persigue, como el águila real que volando desaparece ante el cazador sin ardor. El que tiene esta red (es decir, quien continúa semejante bús­queda apasionada y aventurera) es como Binyamin al acecho para mejor lanzar su red en el momento propicio. La red se com­para también a la tela donde la araña acecha su presa.
En todas estas representaciones simbóli­cas, la red, considerada como objeto sagra­do, sirve de vehículo para concretar una fuerza espiritual.(**)
Esta antiquísima arma, conocida por multitud de civilizaciones, muestra un simbolismo directamente re­lacionado con sus usos en la caza o en combate. La red inmoviliza a sus víctimas dejándolas sin posibilidad alguna de esca­pe. Sus representaciones son, por tanto, una clara señal de dominio.
Tanto en el Próximo Oriente como en la tradición grecolatina los dioses la emplean para capturar a sus fieles o casti­gar a quienes lo merecen. No podríamos dejar de mencionar a los famosos recia­rios, los retiarii romanos, gladiadores que luchaban en los circos armados con una red y un tridente. El sustrato simbólico de todo esto también se manifiesta en la tradición cristiana. Así, el Nuevo Testa­mento habla de los apóstoles como pes­cadores de hombres, con lo que las repre­sentaciones cristianas de redes pueden ser una referencia a esta mención o incluso una alegoría de la misma Iglesia, y es que la red también refleja la unidad compues­ta por multitud de nudos entrelazados. Este mismo sentido es empleado por el taoísmo chino, donde aparece como sím­bolo de unidad y, en ocasiones, como ale­goría de la red de estrellas que atrapa en su seno al cielo y la tierra.
Pero las redes también pueden ser empleadas por los hombres para capturar a sus dioses. De esta forma aparece en el islamismo chií, reflejando la pervivencia de antiguas tradiciones iranias.(****)

Cordón umbilical.
Conducto que infunde vida a la criatura en el vientre materno, por lo que, en el momento del parto, se le considera un objeto maravilloso que debe ser conservado; así se ha hecho durante siglos, ya que era costumbre cortar un pequeño tro­zo, dejarlo secar y guardarlo en una bolsa de la que muchas perso­nas no se separaban nunca. Al cor­dón umbilical de gemelos se le atribuyen virtudes curativas por contacto, ya que, entre otras cosas, elimina los dolores de vientre. En muchos lugares el cordón umbilical se tomaba con cuidado y se enterraba en un lugar al que no tuviesen acceso perros u otros animales, pues que éstos se apo­derasen de él tendría consecuen­cias nefastas para la criatura o lo convertiría en un ladrón.(***)

Nudo.
Símbolo complejo que integra varios sentidos importantes, relacionados todos ellos con la idea central de conexión cerrada. En el nudo está ya el dominio de las espirales y de las líneas sigmoideas. El signo del infinito u 8 hori­zontal, como también esta cifra, constituyen un entrelazado pero también un nudo, lo que muestra la relación de este símbolo con la idea de infinitud o, mejor, de manifestación de esa infinitud. Como la red, el lazo, el entrelazado, el nudo expresa la idea de ligadura y apresa­miento; generalmente éste es un concepto que expresa una situación psíquica constante, aun­que percibida en mayor o menor grado: la del hombre no liberado y “atado” por el dios urá­nico. Por esta razón, el Flamen Dialis de los an­tiguos romanos no podía llevar nudos en su vestidura, lo que acontece también a los pere­grinos musulmanes a La Meca. Este senti­do mágico de atadura que posee el nudo, al aplicarse literalmente, prácticamente, da lugar a acciones mágicas como la de los marineros de Shetland, los cuales aún creen dominar a los vientos mediante nudos. La cuerda anuda­da constituye un anillo cerrado, una circunfe­rencia. Como tal, tiene el sentido general de circuito, protección, recinto. El “nudo corredi­zo” es un signo determinativo egipcio que en­tra en palabras como “calumnia”, “maldición”, “viaje”, etc. Debe originarse el significado en la idea de atar a alguien alejado y tiene indudable conexión con el arcano del Ahorcado del Tarot.
El “nudo sin fin” es uno de los ocho em­blemas de la buena suerte del budismo chino y representa la longevidad; aquí lo que el pen­samiento simbólico utiliza del objeto es la idea de conexión pura aplicándola a lo biológico y fenoménico. Por último, el célebre “nudo gor­diano” que cortó con su decisión y su espada Alejandro el Grande, es un viejo símbolo del laberinto por la disposición caótica de las cuer­das y de los inextricables lazos que lo constitu­yen. Deshacer el nudo equivalía al hallazgo del “centro” de que hablan todas las doctrinas mís­ticas. Cortar el nudo, traducir a un plano gue­rrero y existencial la pura idea de logro y de victoria.(*)
Las significaciones del nudo son muy diversas, pero sobre todo se retendrá la no­ción de fijación en un estado determinado, de condensación o, en terminología búdi­ca, de agregado. Se habla de nudo de la ac­ción, de desenlace, de nudo vital. Deshacer­lo corresponde, ya sea a la crisis o a la muerte, ya a la solución y a la liberación. Esto hace aparecer en seguida la ambivalen­cia del símbolo, pues el nudo es coerción, complicación, complejo, enredo; pero los nudos, mediante la cuerda, están atados en­tre ellos y ligados a su principio. Los nudos también pueden materializar los embrollos de la fatalidad. En la literatura y el arte reli­gioso simbolizan la potencia que liga y desli­ga. También pueden simbolizar la unión de dos seres o un vínculo social, o incluso tam­bién un lazo cósmico con la vida primordial.
1. La expresión nudo (granthi) del cora­zón se utiliza en los Upanishad: deshacer el nudo es alcanzar la inmortalidad. La pará­bola de la desatadura de los nudos, desarro­llada en el Surangama-sütra, es célebre: des­hacer los nudos del ser, enseña el Buddha, es el proceso de la liberación; pero los nudos “hechos en un cierto orden no pueden des­hacerse más que en el orden inverso”; es una cuestión de riguroso método que el tantrismo se aplica a determinar.
Deshacer, resolver, atravesar los nudos -y no cortarlos como hace Alejandro con el nudo gordiano- se expresa de diversas ma­neras: es realizar en sentido propio el “des­enlace”, pero también es rebasar el lazo del pasha, del nudo corredizo, sin ser atrapado por él. El símbolo es el mismo que el de la deglución por el monstruo; o bien las man­díbulas (el nudo) se cierran y ocurre la muerte; o se permite el pasaje y se alcanza un estado superior, la liberación. El nudo es además, en el caso de los Knoten de Durero, por ejemplo, una suerte de laberinto que debe recorrerse hasta que se alcance el cen­tro: resolución y liberación.
El nudo es también el del bambú chino, cuya sucesión vertical señala una jerarquía de estados a lo largo del eje cielo-tierra, muy semejante a la de los chakra tántricos (así como el bambú de nueve nudos de los taoístas). La ruptura de los nudos (granthi) es además una de las experiencias esenciales de la realización yóguica. El espacio entre las cejas, asiento de la ajnachakra, es llamado Rudragranthi, nudo de Rudra. Los nudos chinos poseen, advierte Granel, un poder de captación de las realidades, es decir, de fija­ción o de condensación de los estados y los elementos. De ahí viene la utilización de las cuerdas anudadas (conocidas igualmente en América precolombina y también entre los maorís) como primer sistema de expresión. Además de esta significación, la cuerda anu­dada posee también el mismo valor que el bambú; la de atadura de los nudos sucesivos al Principio.
2. El nudo es signo de vida para los egip­cios. El nudo de Isis es un símbolo de in­mortalidad. A menudo se encuentra sobre la cabeza o en la mano de los personajes, o también en su cinturón. Normalmente está compuesto por un cordón de zapato, y éste indica una huella viva en el suelo; otras ve­ces, está hecho de tela, de fibras, de cuerdas, etcétera.
Siguiendo a Abraham Abulafia (siglo XII), el objetivo de la vida es desellar el alma, es decir, desanudar los diferentes lazos que la aprietan. Cuando los nudos están desatados, viene la muerte, es decir, la verdadera vida. Se encuentra la misma idea en el budismo del norte, por ejemplo, en un libro tibetano, el Libro del desanudamiento de los nudos.
En el plano espiritual, desatar las ligadu­ras significa liberarse de las ataduras, para vivir a un nivel más elevado.
Según palabra del midrash a propósito del texto: “el justo florece como la palmera...” (Sal 110,11.13), la palmera se presenta sin curvatura ni nudo. El corazón de la palmeraestá dirigido hacia lo alto, así como el cora­zón de Israel.

Nudo de Isis. Arte egipcio.
Época Baja (Londres, Museo británico).
3. Las prácticas mágicas distinguen nume­rosas categorías de lazos y nudos y estable­cen una verdadera morfología. «Se podrían clasificar los más importantes en dos gran­des rúbricas: 1) los lazos mágicos utilizados contra los adversarios humanos (en la gue­rra, en la brujería), con la operación inversa de "cortar los lazos"; 2) los nudos y lazosbenéficos, medios de defensa contra los ani­males salvajes, contra las enfermedades y sortilegios, contra los demonios y la muerte» (ELII, 145).
Los etnólogos señalan que en numerosas regiones “está prohibido a los hombres lle­var nudo alguno sobre su persona en ciertos períodos críticos (nacimiento, matrimonio, muerte)”.
Según Frazer, todo debe estar abierto y desatado para facilitar el parto. Pero el hilo se utiliza como medio de defensa contra los demonios, durante el parto, entre los kal-muk. Asimismo, en Nueva Guinea, las viu­das llevan hilos para defenderse contra las almas de los difuntos.
En Rusia los nudos desempeñan un im­portante papel en amor y en los ritos de casamiento.
¿Quién me vaticinará el porvenir?
¿Quién desanudará mañana sobre mi pecho
el nudo (del mantón) que tú acabas de apretar?
(romanza cíngara)
El traje de bodas incluía un cinturón tren­zado con nudos para preservar del mal de ojo. La creencia popular pretendía que, si el nudo del cinturón del pope se deshacía, sería anuncio de un próximo nacimiento en la al­dea. La muchacha anudaba su trenza con una cinta, la mujer casada de­bía dejarla libre.
Las prácticas de magia agrícolas rusas pre­sentan las dos valorizaciones contrarias del nudo; en ciertas regiones, como Bielorrusia y Carelia, el brujo, para saciar su venganza, anudaba el trigo, depositando un puñado de tallos torcidos al borde del camino; en cam­bio, en otras regiones después de la cosecha los payeses ponían sobre la tierra desnuda una gavilla retorcida, que asegurara el re­nuevo; la operación se llama “anudar la bar­ba a Ilya”.
Los marinos del Báltico llevaban sobre sí un trozo de cabo o un pañuelo anudado tres veces: la creencia decía que el primer nudo deshecho traía buen viento, el segundo la tempestad y el tercero la calma; en Estonia, el primer nudo traía también el buen viento, el segundo la buena pesca y el tercero, guar­dián de tempestades, no debía deshacerse jamás.
Para los griegos y los romanos los orna­mentos en forma de trenza, entorchado, espiral, lacerías, así como los rose­tones, la cruz, la svástica, el hacha, el disco, etc., son talismanes preservadores.
Pero los nudos también pueden tener in­fluencia perniciosa: las mujeres desanuda­ban sus cabellos para las procesiones de Dionisos. En Roma, el flamen de Júpiter no debía tener ningún nudo en su ropa ni en su tocado.
En un dibujo de Alberto Durero que re­presenta a Ogmios, el dios celta de la elo­cuencia, con cadenas que partiendo de su lengua se ata a las orejas de aquellos que le siguen, tiene los faldones de la túnica anuda­dos. El nudo es el símbolo de la presa del dios.
4. En las tradiciones islámicas el nudo aparece como un símbolo de protección. Para conjurar el mal de ojo, los árabes se ha­cen nudos en la barba. «Persiste una cos­tumbre de los árabes paganos que consiste en que un marido entrelaza dos ramas de ár­boles por sus extremos antes de partir de viaje: a esta práctica se la llama "el matri­monio de ramas". Si el viajero a su vuelta encuentra las ramas en el mismo estado, de­duce que su mujer le ha sido fiel; si no, se cree traicionado».
En Marruecos es frecuente encontrar cerca de los marabutos los nudos hechos en los ár­boles del contorno. Esta práctica concuerda con la de aportar piedras y puede tener la misma significación de transferir un mal. Para librarse de las enfermedades se suspen­den de los árboles trapos y cabellos anuda­dos. En los santuarios se colocan muñecas (de infusión) en las que se mete tierra, cabe­llos y recortes de uñas: son vehículos de malas influencias, de las que uno se quiere librar. Para proteger el grano contra las hor­migas, se hacen nudos a una hoja de palme­ra y se coloca ésta en el agujero por donde aquéllas salen.
Los peregrinos cuando sufren una tempes­tad en el mar anudan sus ropas. Pero el peregrino que se presenta en La Meca no debe llevar ningún nudo en sus há­bitos.
Los nudos hechos ligan al santo que se in­voca; se le dice, por ejemplo: “¡Oh santo! No te liberaré (literalmente: abriré) antes de que me satisfagas”.
En Palestina, “cuando un árabe es atacado y está en peligro, puede librarse de sus ene­migos anudando una de las cuerdas del fleco de su tocado pronunciando el nombre de Allah”.
En Marruecos, el marido no puede tener relaciones sexuales con su mujer hasta que desata siete nudos hechos en sus ropas.
El Corán menciona la práctica de las bru­jas que “ataban nudos mágicos sobre los que soplaban para echarles una suerte”. (M. Hamidullah, señala en su traducción, sura 113, que se recomienda rogar a Dios contra el mal de aquellas que soplan sobre los nu­dos).
Anudar y desanudar son símbolos ambi­valentes que pueden allegarse a los del cinturón.
5. La interpretación del nudo gordiano es aún muy discutida. Gordias era rey de Fri­gia. La lanza de su carro estaba atada con un nudo tan complicado que nadie podía des­hacerlo. Sin embargo el imperio de Asia estaba prometido, según el oráculo, a aquel que lo lograse. Muchos vanamente lo habíanprobado. Alejandro lo segó con su espada. Conquistó el Asia, pero en seguida la perdió. Ya que el nudo gordiano sólo se corta iluso­riamente: se reconstituye sin cesar. Es en realidad el enredo de las realidades invisi­bles. Siguiendo a Deonna, el nudo gordiano “no tiene comienzo ni fin; es un nudo cósmico de naturaleza ve­getal, en relación con un dios celestial del rayo, del trueno, de la luz. También se pue­de decir que es un nudo de naturaleza social, psicológica y cultural”. Si la espada de Alejandro simboliza un fulgor genial, tal vez desanude el lazo; pero si no es más que un acto de violencia, el lazo se reanuda. Es un hecho que perdió el imperio y que el nudo se volvió a formar.
6. En psicoterapia el término designa cuanto posee «las características de delimi­tación, fijeza y bloqueo. Se llaman "nudos" los lugares fijos de la onda estacionaria (losnódulos), así como al sitio más duro de la madera de un árbol y también a la ligadura de una cinta, un hilo o una cuerda, etc.» Laimagen del nudo se asocia igualmente a la idea de la muerte. «Los lazos, cuerdas, y nu­dos se asocian en la mitología de la India a las divinidades de la muerte (Yama, Nirrti),a los demonios y a las enfermedades. En Irán el demonio Astovidhatusch encordela al hombre que va a morir. Entre los aronda de Australia, los demonios matan a los hu­manos apretando fuertemente su alma con una cuerda. En las islas Danger, el dios de la muerte ata los difuntos con cuerdas para llevarlos al país de los muertos. Tales mitos no dejan de evocar el de las Parcas que nos es familiar». Se dice que las Parcas, o Moiras, personifican el destino de cada ser: tejen y anudan los hilos de su existencia.
Desanudar algo complejo, como se corta un nudo gordiano, no puede considerarse como una victoria psicológica: el resultado sería tan frágil como la conquista de Asia por Alejandro. La espada del conquistador es una solución falsa, la de la violencia. La paciencia que desanuda, en vez de segar, asegura una curación más estable y una con­quista más duradera.(**)
Una creencia generaliza­da es la que sostiene que todas las acciones del hombre están ata­das, y símbolo de esa sujeción es el nudo; además, y por extensión, los nudos aprisionan a los espíritus y, a su vez, protegen y hasta libran a una persona de ellos, por lo que conviene llevar siempre uno encima, en los bolsillos o bien visible en un trozo de cuer­da, en un pañuelo, etc. Redun­dando en esta idea conviene rese­ñar que no en vano la vida se asegura haciendo un nudo en el cordón umbilical. Eso explica que el nudo haya estado presente en un buen número de operacio­nes mágicas y en ceremonias de unión entre camaradas, como las que celebran las logias masónicas o determinadas congregaciones religiosas, como sucedía en el an­tiguo Egipto. En la Biblia, en alu­sión a las brujas babilónicas, se dice que eran “anudadoras de nudos”. Platón, en Las Leyes, condenó a los adeptos a es­tas prácticas, a las que considera­ba encantamientos mágicos su­mamente peligrosos. Si se toma un hilo del traje de una muchacha y se le hace un nudo junto a otro practicado en la prenda de un muchacho que la desea, ésta caerá rendidamente enamorada de él poco después. Y por el contrario, si se desata el nudo que sirve de protección a una persona, ésta sufrirá una desgracia o puede incluso que le llegue la muerte. En España, du­rante siglos, las brujas, para vol­ver a un hombre impotente, rea­lizaban la ligadura, es decir, los “anudaban” practicando un nudo en una prenda o en un cabello; los archivos de la Inquisición de Toledo contienen amplia docu­mentación sobre un buen núme­ro de casos de este tipo hasta bien entrado el siglo XVIII. Igualmente las brujas podían desencadenar una tormenta deshaciendo un nudo; pero un nudo, como se ha apuntado, también amparaba, y esto lo saben perfectamente los marinos, que suelen llevar un pa­ñuelo con tres nudos bien apre­tados. Debe evitarse vestir un traje que tenga nudos, aunque tampoco falta quien los exhibe ostensiblemente como medida de precaución más que como un adorno. Las ropas de los recién nacidos no deben anudarse. Co­locarse en la cabeza un pañuelo con cuatro nudos evita que el sol “penetre” en él, y también que lo hagan los demonios. En algunas ceremonias nupciales, en un de­terminado momento, se deshace un nudo como símbolo de aper­tura a la felicidad y se pide que nadie lo vuelva a atar. Los juga­dores suelen hacer un número determinado de nudos porque creen que eso les da suerte.(***)
Es símbolo de ligazón y unión. Pero esa unión puede ser o no volunta­ria; así el nudo puede hacer referencia tanto a las deseadas uniones con fuerzas protectoras, como a las cargas que se atan a nosotros para dificultar nuestro avance.
Uno de los nudos más conocidos pro­cede del Egipto faraónico, es el nudo de Isis, que significaba la atadura a la inmor­talidad y, por tanto, a la vida eterna. Así mismo, en muchos ritos de boda, la liga­zón del nudo se adopta de forma volunta­ria, por lo que representa el amor y el ma­trimonio deseado. En el mundo islámico el lazo se emplea para anudar diferentes realidades que deben conservarse incólu­mes durante un periodo de riesgo.
En el budismo, por el contrario, el nudo tiene una acepción negativa, pues ata a la vida contingente y es necesario que el sabio lo desate para alcanzar la libe­ración y la vida auténtica en el más allá.
Quizá el nudo más famoso de la lite­ratura clásica sea el nudo gordiano que, según el mito, Alejandro Magno cortó con un solo golpe de su espada. Por un lado, evoca vigor y decisión. Pero la deci­sión de no intentar deshacerlo es una muestra de falta de paciencia y tesón, un reflejo de un carácter excesivamente im­pulsivo y poco cerebral y espiritual.(****)

Rizo.
En el sistema jeroglífico egipcio, signo deter­minativo que indica ligar y desligar, según la posición de los cabos. Corresponde al sim­bolismo general de los ligamentos y de los nu­dos. El rizo de cabeza toma su significado del que concierne a la cabellera.(*)

Lazos.
El tema de los lazos tiene innúmeras variantes, en la mitología y la iconografía, como imagen de enlazamiento o como forma de arte orna­mental, bajo la figura de entrelazados, lacerías, nudos, cintas, cordones, ligamentos, redes y lá­tigos. En el sentido más general, representan la idea de ligar. Parece ser que, así como el con­temporáneo (en la versión existencialista) se siente “arrojado” en el mundo, el primitivo y el hombre de las culturas orientales y astrobiológicas se sentía “ligado” al mundo, al creador, al orden y a la sociedad a que pertenecía. En la or­namentación románica, Jurgis BaltruSaitis, en Études sur l'Art médieval en Géorgie et en Arménie, distingue los siguientes tipos de lacerías: entrecruzamiento, entrelazamiento, enlaza­miento y encadenamiento. El autor indica que los entrelazados pertenecen al repertorio de for­mas más antiguas creadas por el hombre, no pudiendo considerarse ni como aportación del arte bárbaro, ni como elemento específicamen­te asiático. Dentro de los lazos, redes y corda­jes, aparecen con frecuencia monstruos, anima­les y figuras humanas. Ya en el sistema jeroglífico egipcio existía el lazo, como signo correspon­diente a la letra T y como equivalente grama­tical del posesivo (enlazar, dominar y poseer). Es un símbolo similar al del envolvimien­to. Pero dentro de él encontramos particularizaciones especialmente favorables, como el “hi­lo de oro”, idéntico a la “cuerda de plata” de la tradición hindú y al “hilo de Ariadna”, símbo­lo de la vía y ligazón interna de la criatura con el creador. El sentido místico viene dado por la inversión del símbolo que, en vez de presentar­se como ligadura exterior, aparece como cone­xión interior. A ésta pertenecen todos los cor­dones que surgen en heráldica, que a veces forman nudos, lacerías con figura de S o de 8 y representan la ligazón, la dependencia en el sistema feudal de las jerarquías, ratificada por el juramento de honor, lo que constituye la su­blimación del hallarse “ligado” por el superior. En cambio, la red exterior que envuelve e inmoviliza, ha de relacionarse con la expresión bíblica aducida por Pinedo: “Llueven sobre los pecadores lazos” (Sal 10, 7). Mircea Eliade aporta en sus obras un detenido estudio del simbolismo del nudo y de la ligadura, concerniente a la cuestión del hilo laberíntico que hay que desatar o el problema esencial al que hay que dar solución. Los dioses del cielo tienen como arma característica el lazo, así Varuna y Urano, lo que significa el supremo privilegio del do­minio. Señala Eliade que existe relación simbó­lica entre lazos y ligaduras e hilos y laberintos. El laberinto puede ser concebido como el nu­do que debe ser desatado, empresas míticas res­pectivamente llevadas a cabo por Teseo y Ale­jandro. El fin último del ser humano es liberarse de las ligaduras. También en la filoso­fía griega aparece el motivo: en la caverna de Platón, los hombres se hallan retenidos por ca­denas que les impiden moverse (República VIl). Según Plotino, el alma, “después de su caída, se halla aprisionada, está encadenada... pero, vol­viéndose hacia (el reino de) los pensamientos, se libera de sus ligaduras” (Enéadas IV, 8). El au­tor citado analiza también, en conexión con es­te motivo simbólico, la morfología de las liga­duras y de los nudos en la magia y distingue dos grandes grupos: a) nudos y ligamentos benéfi­cos, medios de defensa contra animales salvajes, enfermedades y sortilegios, contra los demo­nios y la muerte; b) ligaduras empleadas como ataque contra los enemigos humanos, con la operación inversa del corte de las ligaduras; esta última práctica llega al encadenamiento del cadáver para evitar sus acciones presuntas. A veces, el tema de la ligadura se presenta en forma vegetal, bajo el aspecto de ramas frondosas que envuelven, inextricables, los cuerpos sumidos en su interior. Este tema tie­ne relación con el símbolo de la “devoración” y con los grutescos.(*)

Ligadura.
Ligar a los hombres para hacerlos impotentes o para debilitar su semen hasta volverlo infecundo ha sido, durante si­glos, uno de los maleficios más comunes atribuido a las brujas, y su procedimiento se ha nutri­do con miles de variantes, desde arrojar agua por donde el sujeto en cuestión debía pasar hasta ha­cerle un nudo en el pañuelo, pasando por hacerle ingerir un brebaje a base de hierbas naci­das en un cementerio o de raspa­duras de pezuñas de asno, etc. Uno de los remedios más eficaces para contrarrestar la acción de estos maleficios consiste en ador­nar el dormitorio con una cruz de Caravaca y rezar la oración que preserva de todo mal y que dice: “Haced que yo y cuantos es­tán atados con el lazo de la culpa sean desatados y absueltos; tam­bién os ruego, Señor, que me­diante la intercesión del glorioso mártir san Cipriano seamos li­bres de todo maleficio y poder del maligno espíritu. Amén”.(***)

Araña. Dibujo de Odilon Redon, 1887.

Araña.
En la araña coinciden tres sentidos simbólicos distintos, que se superponen, confunden o dis­ciernen según los casos, dominando uno de ellos. Son el de la capacidad creadora de la ara­ña, al tejer su tela; el de su agresividad; y el de la propia tela, como red espiral dotada de un cen­tro. La araña en su tela es un símbolo del centro del mundo y en ese sentido es considerada en la India como Maya, la eterna tejedora del velo de las ilusiones; la destructividad del insec­to no hace sino ratificar ese simbolismo de lo fenoménico. Por esta causa puede decir Schneider que las arañas, destruyendo y construyendo sin cesar, simbolizan la inversión continua a tra­vés de la que se mantiene en equilibrio la vida del cosmos; así, pues, el simbolismo de la araña penetra profundamente en la vida humana para significar aquel “sacrificio continuo”, mediante el cual el hombre se transforma sin cesar duran­te su existencia; e incluso la misma muerte se li­mita a devanar una vida antigua para hilar otra nueva. Se considera la araña como animal lunar, a causa de que la luna (por su carácter pa­sivo, de luz reflejada; y por sus fases, afirmativa y negativa, creciente y decreciente) correspon­de a la esfera de la manifestación fenoménica (y en lo psíquico a la imaginación). Así, la luna, por el hecho de regir todas las formas (en cuan­to a apariciones y desapariciones), teje todos los destinos, por lo cual aparece en muchos mitos como una inmensa araña.(*)
1. Aunque nosotros tendemos a con­siderar la araña como símbolo de maleficen­cia, la India la ve como importantísimo símbolo cosmológico fundado particular­mente en la disposición de su tela y el lugar que en ella ocupa, y en el hecho de que la araña la saca de su propia sustancia.
La forma radiada de la tela simboliza el sol que segrega sus rayos, como la araña sus hilos. Oponiéndose a la mayor parte de los mitólogos, Baumann atribuye a la araña mí­tica un simbolismo solar y no lunar. Se ex­plica en estos términos: “la misteriosa capa­cidad de tejer sus hilos evoca el sol poniente que a menudo aspira el agua de tal manera que sus rayos parecen tocar la tierra, y su­gieren la imagen de una telaraña”.
El hecho de que esté constituida de rayos y de círculos concéntricos recuerda el sim­bolismo del tejido, que consta de urdimbre y trama. El simbolismo es aquí tanto más elo­cuente cuanto que la urdimbre radiante une entre sí a elementos, estados, grados y apli­caciones contingentes (figurados concéntricamente, y por tanto cada vez más alejados del centro) y los enlaza a este centro, que no es sino la imagen del Principio.
La tela es por tanto una imagen más de la manifestación como emanación del Ser. El Mundaka Upanishad confirma por otra par­te que de ella todo sale (y que a ella todo se reintegra) “como la araña que escupe y vuelve a tragar su hilo”. Además, después de haber tejido el mundo, reintegra su corazón: kalpa y pralaya.
Los Upanishad utilizan aún otro simbolis­mo: el de la araña elevándose con la ayuda de su hilo y alcanzando así la libertad. El hilo del yogui es el monosílabo Aum; gra­cias a él, se eleva hasta la liberación. El hilo de la araña es el medio, el soporte de la rea­lización espiritual.
El hilo que ella saca de sí misma es análogo también al árbol cósmico, a la escala de Jacob, al puente de Mahoma, a un pasaje de la tierra al cielo.
2. La araña desempeña un papel demiúrgico para numerosas poblaciones. Entre los pueblos del África occidental, la araña Anansé prepara la materia de los primeros hombres; crea el sol, la luna y las estrellas. Luego el dios del cielo, Nyamé, insufla la vida en el hombre. La araña sigue aquí de­sempeñando función de intercesora entre la divinidad y el hombre; al igual que un héroe civilizador, aporta los cereales y la azada.
Algunos mitos de la Micronesia (islas Gilbert) presentan a Naró, el Señor araña, como el primero de todos los seres, como un dios creador.
Los ashanti han hecho de la araña un dios primordial: el hombre ha sido creado por una gran araña. Una leyenda malinesa la describe como la consejera del dios supre­mo, un héroe creador que, “disfrazándose de ave, emprende el vuelo y crea (sin que lo sepa su señor) el sol, la luna y las estrellas... después regula el día y la noche, y suscita el rocío”.
3. La leyenda griega, al contrario, hace de la araña la caricatura de la divinidad; es cas­tigada por rivalizar con Atenea en la teje­duría de tapices. Aracne, joven lidia, teje y borda maravillosos tapices. Adquiere la reputación de haber sido alumna de Atenea, pero pretende no deber su talento más que a sí misma. Desafía a la diosa. Atenea borda los doce dioses del Olimpo en su majestad, Aracne los amores de los mismos con mor­tales. Atenea, furiosa, desgarra la tapicería y golpea a su rival con la lanzadera. Aracne se ahorca; pero Atenea no le permite morirse y la transforma en araña (aracne en griego), que continúa hilando y tejiendo al cabo de su hilo. La araña, con su ridícula tela actual, simboliza el menoscabo del ser que quiso igualarse a los dioses: es el de­miurgo castigado.
4. Epifanía lunar, dedicada al hilado y a la tejeduría, artesana de la tela del mundo, la araña es dueña del destino; lo teje y lo co­noce. Esto explica su función adivinadora universalmente reconocida: detenta los se­cretos del pasado y del porvenir.
La araña migala, en África, es el símbolo del poder de adivinación. Para las poblacio­nes del Camerún, por ejemplo, “ha recibido del cielo el privilegio de descifrar el porve­nir... En el bestiario del arte bamún, el ngaame (otro de sus nombres) disputa el primer lugar a la serpiente real... Su significa­ción es universal y compleja. Ligada al desti­no del hombre, al drama de su vida terrenal, la adivinación por el ngaame ha creado una técnica de desciframiento de los signos... Consiste en situar sobre el orificio del aguje­ro de la migala signos que el animal revuel­ve por la noche y transforme en mensaje. A través de ellos el adivino busca la cura­ción, la protección contra el enemigo y el gozo de vivir”.
La mántica por la araña se practicaba co­rrientemente en el antiguo imperio de los in­cas del Perú. El adivino destapa una vasija en la cual se conserva la araña adivinadora. Si alguna de sus patas no está doblada, el augurio es malo.
5. La araña es a veces símbolo del alma o animal psicopompo. En los pueblos altaicos del Asia central y de Siberia, principalmen­te, representa el alma liberada del cuerpo. Entre los muisca de Colombia, si bien no es el alma, es ella sin embargo quien, sobre un barco de telaraña, transporta a través del ríolas almas de los muertos que van a los in­fiernos.
Para los aztecas es asimismo el símbolo del dios de los infiernos. Entre los montañe­ses del Vietnam del Sur, la araña es una for­ma del alma, escapada del cuerpo durante el sueño; matar la araña es arriesgarse a provo­car la muerte del cuerpo dormido.
6. La araña simboliza también un grado superior de iniciación. Para los bambara, por ejemplo, designa una clase de iniciados que han alcanzado “la interioridad y la po­tencia realizadora del hombre intuitivo y meditativo”. Algunos analistasven también en la araña el símbolo de reali­zaciones o de tendencias psíquicas: “la araña amenazante en el centro de su tela es, por lo demás, un excelente símbolo de la introver­sión y del narcisismo: esta absorción del ser por su propio centro”.
En los sueños, la aparición de la araña puede tener diferentes sentidos: o bien su trabajo es el símbolo de una “centralización inteligente de las energías psíquicas o bien provoca el asco, porque acecha y abraza su presa. Se convierte entonces en el símbolo de la mujer hechizante, de esa virago satánica, cuya meta consiste en la destrucción del macho”.
7. En la tradición del islam la araña es un símbolo ora favorable ora nefasto. Una ara­ña salva la vida del Profeta tejiendo su tela a través de la abertura de la caverna donde él se ha refugiado para huir de sus enemigos, lo cual les hace creer que nadie ha podido pe­netrar en ella desde mucho tiempo atrás. Eso, según se dice, una araña blanca; no se deben pues matar arañas de este color. Las arañas negras, por lo contrario, deben destruirse: son nocivas; si una de ellas pasa so­bre el ojo del durmiente, hará que se infla­me. Una araña venenosa más pequeña que la tarántula, llamada buseha en arábigo, tie­ne una picadura que se compara al mal de ojo. Se dice de una persona cuya mirada es nefasta que hiere con el ojo como una buse­ha.
El Corán, en la sura de la araña (al-'Ankabut, 29,40), dice que quienes toman patronos distintos de Dios tienen por símbo­lo la araña, pues la casa de la araña es la más endeble de todas.
8. Ya en Job (27,18) la casa de la araña era el símbolo de la inestabilidad. Forma parte de la lista de maldiciones que llueven sobre el maldito:
He aquí la muerte que Dios reserva al malvado,
la herencia que el violento recibe de Shaddaï.
Por numerosos que sean sus hijos.
la espada los espera
y sus vastagos sufrirán de hambre.
Los supervivientes serán sepultados por la peste.
sin que sus viudas puedan llorarlos.
Si acumula plata como el polvo,
si amontona vestidos como arcilla,
¡que los amontone!, un justo los vestirá.
un inocente heredará la plata.
Se ha edificado una casa de araña.
Se ha construido una choza de guardián.
Se acuesta rico, mas por última vez;
cuando abra los ojos, ya nada tiene.
Terrores lo asaltan en pleno día,
de noche, un torbellino lo arrebata.
Un vendaval del Este lo arrolla y lo arrastra,
lo arranca del lugar donde mora.
Sin piedad lo toman por blanco,
debe huir de las manos amenazantes (27,13-22).
9. Si bien la araña significa la tejeduría, evoca en efecto la fragilidad de la obra terre­nal y su dependencia respecto del tejedor. La creación cosmogónica se simboliza por el acto de la tejeduría; ahora bien, ésta supone un tejedor que permanezca continuamente en relación con su obra, la cual depende de él y está continuamente obrada por él. Este tema se presenta sobre todo en los mitos de la India que aluden a menudo al Tejedorprimordial y a la Araña cósmica. Lo que nos conviene retener aquí son, por una parte, el lazo umbilical entre el creador y la criatura y, por otra parte, la unificación cósmica operada por los vínculos establecidos entre los cuatro puntos cardinales. La criatura está ligada a su Creador; una suerte de cade­na de oro los ata uno a otro. Este tema que hallamos también en Platón aparece luego en la literatura cristiana, como lo atestigua este texto del pseudo Dionisio Areopagita: ”Esforcémonos pues con nuestras plegarias en elevarnos hasta la cima de estos rayos divinos y bienhechores, del mismo modo que si agarráramos, para arrastrarla constante­mente hacia nosotros con ambas manos al­ternadas, una cadena infinitamente lumi­nosa que pendiera de lo alto del cielo y descendiera hasta nosotros, tendríamos la impresión de tirarla hacia abajo, pero en realidad nuestro esfuerzo no llegaría a mo­verla, pues aquélla estaría a la vez presente arriba y abajo y seríamos nosotros más bien quienes nos elevaríamos hacia los más altos esplendores de una radiación perfectamente luminosa. Por lo mismo también, si hubié­ramos subido a un barco y nos hubieran lan­zado para nuestro socorro cuerdas atadas a alguna roca, no es en verdad hacia nosotros que estiraríamos la roca, sino que hacia laroca halaríamos a nosotros mismos con elbarco” (pseo, Nombres divinos, 3,1, p. 90).
La araña simboliza aquí, por el hilo que segrega, la ligazón entre el creador y su cria­tura, y la cadena que permite a la segunda atarse al primero y consecuentemente acer­cársele.(**)
Las arañas son insectos artrópodos que atesoran grandes virtudes, pues aunque algunas son ponzoñosas y su visión pro­duce un miedo insuperable, la mayor parte de ellas, por lo menos en Europa, no son venenosas y se cree que procuran distintos bienes, como por ejemplo el de purificar el aire al aprisionar en sus telas las partículas corruptas que circulan por él. En Castilla, Galicia o Andalucía, los aldeanos cubren sus heridas con un em­plasto a base de telas de araña y cera por considerar que es ideal para contener la hemorragia, y lo mismo suelen hacer los car­pinteros de otros muchos luga­res, con lo que parecen ratificar una creencia bien conocida ya por Plinio el Viejo en el siglo I de nuestra era.
El que mira con atención a una araña mientras teje su red llega a saber quién le va a engañar; por eso trae mala suerte romper una telaraña. La presencia de arañas sobre la ropa que se encuentra dispuesta para su uso es señal de­ que se va a recibir de forma ines­perada una cantidad de dinero. Para librarse de un dolor hay que coger una araña y encerrarla viva en una cajita o en una ampolla de ­cristal, de modo que conforme el insecto vaya debilitándose, irá disminuyendo la molestia. Las arañas son frecuentes en los sueños, y su aparición en ellos significa que el durmiente va a ser objeto de una traición.(***)

Telaraña. Dibujo anónimo (siglo XVII-XVIII).
La simbología que se asocia a este insecto deriva en gran medida de su peculiar tela. La estructura radial y circu­lar de la tela suele ofrecer reminiscencias solares, y cuando se representa a la araña en su interior, debemos entender una alusión al significado del centro. Así, la tradición hindú emplea la imagen de una telaraña con su creadora en el centro como símbolo del orden cósmico, donde la araña rige sobre los sucesos. En otras interpretaciones los arácnidos pueden evocar nociones de fragilidad (así es su tela) o de trabajo meticuloso.
Pero como todo puede ser tratado des­de un punto de vista peyorativo, el Anti­guo Testamento recurre a la araña para hablar de la inestabilidad e inconstancia y la tradición cristiana emplea la telaraña como símbolo de las trampas del diablo. Con un sentido tampoco de­masiado optimista, la mito­logía griega narra cómo la osada Aracne, tras compararse con la diosa Atenea, fue convertida en araña y condenada a tejer eternamente.(****)
“Para la cultura india la araña es Maya, la que teje el universo; y este universo es un sueño, un sueño tejido en forma de telaraña. En el tarot podemos ver que el arcano 8 es la Justicia, y la Justicia es una descendiente de la araña. Todo ocho desciende de la araña: las ocho patas, el símbolo del infinito y otras referencias.”
JODOROWSKY, Alejandro. Psicomagia. Editorial Siruela, Barcelona 2004. ISBN: 84-9793-643-4 (vol. 613/2).

Telaraña.
Aparte de su relación con la araña, su simbolis­mo es el mismo que el del tejido en general. Por su forma espiral presenta también la idea de creación y desenvolvimiento, de rueda y de cen­tro. Pero en éste espera la destrucción y la agre­sión. La telaraña con la araña en medio simbo­liza, pues, lo mismo que la Medusa Gorgona representada en el centro de algunos mosaicos: es el torbellino devorador. Probablemente, un símbolo de la intuición negativa del universo, que ve el mal no sólo en la periferia de la rue­da de las transformaciones, sino en su propio centro, es decir, en su origen. Noción gnóstica.(*)

Nudo de amor.
-El nudo de amor, al igual que el anillo, es un símbolo de unión eterna: en el enlazamiento voluntario de las almas. Ello no implica servidumbre sino aceptación incondicional de unos vínculos y de un destino común. Uno de estos emblemas es el lazo que representa el nudo de amor en tanto que objeto de lujo que se luce con orgullo.

-Es tradición que los amantes luzcan un lazo azul anudado. El azul, que es el color de la Virgen María, representa un amor que va más allá de la atracción sexual.

-El amarillo, que simboliza el sol, la luz y la bondad, es un color de fidelidad y de constancia. En Estados Unidos es tradición llevar lazos amarillos cuando se anhela el regreso de un ser querido. También se pueden colgar en el hogar o atar a un árbol (como un roble, que representa fortaleza frente a las adversidades).

-El nudo sin fin significa amor eterno y longevidad, lo cual implica que una unión feliz puede aportar larga vida.

-En Japón, las cartas de amor se enviaban en hojas dobladas formando un lazo.

Aracne.
Se cuenta que Ariadna tejía de manera tan admirable que la diosa Atenea sintió envidia de ella y la convirtió en una araña. Y es que las telas que realizan estos minúsculos animales, pueden ser la envi­dia de los mismos dioses. Muchas son verdaderas trampas para la caza y otras sirven sólo de habitación.
El hilo que fabrican en sus órganos tiene un diámetro que a veces no excede de dos milésimas de milímetro, y algunas clases de seda son más resistentes que el acero, en el supuesto de que pudiera fa­bricarse acero tan fino. Puede estirarse hasta un quinto de su lon­gitud sin romperse. Generalmente, las hembras son mejores tejedoras, mientras que los machos construyen "casas de solteros" provisionales y con seda de mala calidad.
En algunos casos, una misma araña tiene una tela-trampa y una tela-habitación comunicadas entre sí por medio de hilos; cuando un insecto queda atrapado en la tela-trampa, la vibración de los hilos sirve de aviso a la araña que, mientras, puede bajar la guar­dia y descansar tranquilamente. El problema surge en el aparea­miento: algunas hembras confunden al macho que osa entrar en su red para hacerle la corte con materia comestible y lo devora. Esto sí que es morir por amor.

Alejandro Magno y el Nudo Gordiano.
Expresión utilizada para aludir un problema de cuya difícil resolución depende un gran bien y que se solventa por medios expeditivos.
Su origen se encuentra en el episodio que tuvo lugar en el año 334 a. C. en la ciudad de Gordión, a orillas del río Sangario, capital de los reyes de Frigia, en Asia Menor.
Según narra la leyenda, un día en que Gordias estaba trabajando en el campo un águila se posó sobre el yugo de su arado y permaneció allí hasta la noche. Intrigado por el acontecimiento se dirigió a Telmiso para consultar a una joven profetisa que lo condujo al Templo de Zeus para ofrecer un sacrificio.
Años después, en plena guerra civil, los frigios acudieron al oráculo para consultarle sobre la elección de su rey, y este les respondió que lo verían aparecer sobre un carro. En aquel momento apareció una carreta conducida por Gordias, que inmediatamente fue proclamado rey.
En agradecimiento Gordias consagró a Zeus su carro, cuyo yugo estaba unido a la lanza con un nudo atado con tal arte que no podían verse los cabos, lo que hacía imposible desatarlo y al que se dio el nombre de “nudo gordiano”.Este nudo gordiano debe su fama a la historia protagonizada por Alejandro Magno a su paso por la ciudad con motivo de la expedición contra Darío, rey de los persas. Conocedor del oráculo que había predicho que aquel que desatase el complicado nudo y ligase el yugo al timón del carro real se convertiría en el dueño de Asia, cortó el nudo gordiano, puesto que no lo podía desatar, diciendo: “Tanto monta cortar, como desatar...” Y se cumplió el oráculo.

Quipu.

Un quipu clásico está for­mado por una cuerda larga trasversal, de color negro, a la que se anudan cuerdas verticales de color amarillo pajizo, llenas de nu­dos y paralelas entre sí, ade­más de otra más larga de color carmesí con cuatro nudos, del último de los cua­les parte otra cuerda con diez nudos de los que cuelgan diez cordones subsidiarios de diversos colores. El penúltimo, nudoso y de color amarillo, indica el número 1.000, y el último, blanco y también con nudos, el 30.000.

Manejo del quipu según el códice peruano de
Guaman Poma de Ayala siglo XV.
Aunque no se conocen todas las claves para inter­pretarlos, se sabe que los qui­pus servían para contar y para comunicar mensajes de inte­rés administrativo, militar y económico, como el pro­ducto de las cosechas, la capacidad para almacenarlas, el crecimiento de la pobla­ción o los daños producidos por una invasión. No se regis­traban, sin embargo, los años de un reinado, tal vez porque no les preocupaba. Los qui­pus circulaban por la amplia red de caminos incas. En cada ciudad había una persona, el quipucamayoc, encargado de fabricar el quipu con un mensaje determinado, que era interpretado en la ciudad de destino por el quipucamayoc local, quien hacía llegar la información a las autori­dades. Lamentablemente, se conservan muy pocos quipus, ya que los españoles los que­maron casi todos por consi­derarlos heréticos.

El quipu era un útil para efectuar cuentas y memorizarlas.
Las cantidades se expresaban por el grosor y posición de los nudos.

Quipu
Revista INVESTIGACIÓN y CIENCIA
La civilización incaica desarrolló una forma rudimentaria de escritura que se emparentaría más con nuestras modernas fichas perforadas que con los signos trazados sobre el papel. Los quipus constituían prontuarios materiales de quien contaba -o en su caso del contable-, materializando el simbolismo de los valores numéricos con nudos en una cuerda. Un texto importante, un registro de cuentas, por ejemplo, se presenta en la forma de una cuerda con cordeles atados en cada uno de los puntos, y la cuerda representaba el desarrollo secuencial. La combinación de los nudos, tal como se ofrece en el cuadro, permitía por tanto formar una cifra mediante un método de adición numérica con una numeración de las posiciones (millares, centenas, decenas) muy sutil para su época. En realidad, el sistema de codificación de nuestras fichas perforadas, tal como fue inventado por Hollerith, podría encontrar un antepasado lejano en este sistema, originario de las culturas americanas prehispánicas. También sabemos que cordeles de colores diferentes representaban especies diferentes, como cabras o maíz, por ejemplo, y que los contadores utilizaban los nudos reconocibles del quipu como prontuario para recordar su historia al recorrer el quipu con las manos.
¿Una correspondencia entre lo visual y lo escrito?
Esta es una tentativa efectuada por el editor Bruckman (Alemania) de crear una correspondencia, de acuerdo con las ideas de Panofsky, entre estilo arquitectónico y estructura gráfica del escrito. Por supuesto, una correspondencia de este tipo sólo puede ser aproximada. Pero, aunque probablemente exista una correlación cultural entre la rectitud griega y una tipografía antigua, entre la complejidad gótica y la proliferación arquitectónica de las catedrales, entre la multiplicidad ornamental y el gótico italiano, las parejas sólo se corresponden cuando se presentan conjuntamente. ¿Existe un juego seductor que se pierde en el abismo de la "correspondencia entre las artes"?
Los quipus incas
Los libros de contabilidad incas constaban de ristras de cordeles anudados.
Su sistema de codificación numérica ya no tiene secreto, pero el contenido literario sigue siendo un enigma.
En 1532 estalló la guerra entre los dos hermanos y enemigos incas: Atahualpa, instalado en Quito, y Huáscar, de Cuzco. Este conflicto fratricida, conse­cuencia de la división del Imperio a la muerte de Huayna Cápac, padre de ambos, acontecida siete años antes, iba a precipitar la caída de la civiliza­ción incaica, porque ese mismo año el español Francisco Pizarro desem­barcaba en las costas ecuatorianas con planes de conquista. La debili­tación del Imperio y las disensiones internas le facilitaron grandemente la tarea.
Algunos años más tarde, Garcilaso el Inca, historiador y poeta mesti­zo, aprendió la lengua de los indíge­nas y recorrió el imperio colonizado, para recopilar sus tradiciones. Según su descripción, los indios, cuando iban a Cuzco a pagar sus tributos a los nuevos amos llegados del Viejo Mundo, tejían hilos, de uno o varios colores, en los que escribían núme­ros mediante nudos. Luego, estos hilos se enfilaban ordenadamente a lo largo de un cordón principal, a modo de flecos. Estos dispositivos de numeración corresponden a los quipus ("quipu" significa "nudo" en quechua, la lengua de los incas); amén de su contenido numérico, ha­brían sido depositarios también de información literaria. Sobre esta des­codificación no existe todavía con­senso entre los expertos. Describi­remos aquí las hipótesis que éstos defienden.
En el imperio inca no se conocía la escritura. En una sociedad en la que todo estaba minuciosamente organi­zado e inventariado de forma metó­dica, los quipus constituían el único medio de transporte de información. Se utilizaban para la administración del estado: censos, inventarios, pro­ducción minera, composición de la mano de obra, etcétera. Cada quipu operaba como un auténtico libro de contabilidad.
Pero, además de recursos materia­les y humanos, en los quipus se regis­traban también efemérides, baladas, leyes o tratados de paz. Volveremos más adelante a ocuparnos del con­tenido no numérico de los quipus, todavía motivo de controversia.
Un servicio de correo a caballo transportaba los mensajes a través de una red viaria. El sistema funcionaba de forma similar al Pony express (la primera línea de correo exprés esta­dounidense, inaugurada en 1860, que operaba entre Missouri y California): los jinetes se relevaban de posta en posta hasta el destino final.
Sólo los administradores, o quipucamayocs ("guardianes de los qui­pus"), conocían la clave de estos libros de contabilidad. La mayoría de los quipus depositados en Cuzco o en las provincias fueron destrui­dos por los generales de Atahualpa y, más tarde, por los funcionarios reales, que obedecían las órdenes del virrey Francisco de Toledo de acabar con las tradiciones. Otros quipus se utilizaron para encender las hogueras donde los sacerdotes quemaban los ídolos y todos los objetos de culto.
Anatomía de un quipu
Los escasos ejemplares (unos 500) que todavía se conservan en los mu­seos se han hallado en yacimientos funerarios, pues los incas se enterra­ban con todos los objetos que ha­bían utilizado en vida. Veamos de qué modo se codifica en un quipu la información numérica.
Garcilaso fue preciso en sus ob­servaciones: un quipu consta de una cuerda gruesa, la principal, a la que se atan varias cuerdas más, de 20 a 50 centímetros de longitud. Un quipu puede contener hasta 2000 cuerdas. Al extenderlo sobre un plano ho­rizontal, unas de estas cuerdas, las inferiores, quedan orientadas en un sentido, mientras que las superiores se orientan en el sentido contrario (las ataduras están tan prietas, que no cabe duda sobre la orientación de las cuerdas). Una tercera categoría de cuerdas, las secundarias, se atan a las superiores o inferiores.
La mayoría de las cuerdas tienen nudos. ¿Cuál es su significado? A pe­sar de las informaciones recogidas por los cronistas españoles, has­ta 1912 no se resolvió el misterio. Veamos la descripción que Leland Locke hizo de un quipu del Museo de Historia Natural de Nueva York.
Merced a los escritos de Garcila­so, Locke sabía que el valor de los números codificados por los nudos dependía de la posición de éstos a lo largo de cada una de las cuerdas. Contienen éstas tres grupos de nu­dos: un grupo inferior, que Locke atribuye a las unidades, uno central, que corresponde a las decenas y, por fin, un grupo cercano a la cuerda principal para las centenas.
Su hipótesis se confirma cuando observa que el número codificado en cada cuerda superior coincide con la suma de los números codificados en el grupo de cuerdas inferiores correspondiente.
Tres tipos de nudos
La representación de los números en los quipus guarda semejanza con nuestro sistema posicional de base 10. Recordemos sus características principales. Nosotros disponemos de 10 símbolos: los dígitos que van del O al 9. En un número, pongamos el 6489, por ejemplo, cada cifra corres­ponde al coeficiente de una potencia de 10, cuyo exponente es O (10° = 1) para la cifra situada en la posición derecha extrema y aumenta en una unidad cada vez que nos desplazamos un puesto hacia la izquierda. Así, 6489 es igual a 6 x 10 x 10 x 10 + 4 x 10 x 10 + 8 x 10 + 9, es decir, 6000 + 400 + 80 + 9. Cabe señalar que el sistema posicional no está vincula­do sólo a la base 10. Los mayas, por ejemplo, contaban en el sistema vigesimal, es decir, en base 20, y se servían también de un sistema posicional.
En los quipus aparecen sólo tres tipos de nudos, a saber: simples, largos (un nudo simple al que se le dan varias pasadas por el inte­rior del lazo antes de cerrarlo) y en ocho. En una cuerda, los nudos se organizan en grupos de uno a nue­ve (volvemos a encontrar nuestras 9 cifras, excluido el 0); a cada grupo se le asigna una potencia de 10, que aumenta conforme nos acercamos a la cuerda principal.
Las unidades suelen estar represen­tadas por nudos largos, cuyo número de vueltas indica el número de unida­des; las otras potencias de 10 apare­cen representadas por nudos simples. Cuando se trata de codificar una sola unidad, en cambio, se recurre a un nudo en ocho para evitar confusiones (un nudo largo de una sola vuelta equivale a un nudo simple). El cero se representa por la ausen­cia de nudo en un grupo (grupo nulo). El tipo de nudo facilita la identificación de las unidades; los grupos de nudos se hallan alineados en la misma posición en todos los cordeles, lo que agiliza la localización de las posiciones desprovistas de nudos. Además, dado que la re­presentación de las unidades resulta inequívoca, en ocasiones se observan varios números escritos en una mis­ma cuerda.
La descodificación que acabamos de exponer se limita al aspecto nu­mérico. Hasta la fecha, nadie la ha contradicho. ¿Qué ocurre, en cambio, con la expresión de hechos e ideas? El debate dista de estar concluido. De nuevo, los cronistas y, entre ellos, en primer lugar, el Inca Garcilaso, nos ofrecen algunas indicaciones. Según el historiador mestizo, el significado extranumeral de los cordeles vendría dado por los colores, al ser algu­nos hilos de un solo color, otros de dos, de tres, e incluso más. Los colores simples y sus combinacio­nes encerrarían cada uno su propio significado.
Dos hipótesis
En algunos quipus se ha identifica­do un registro de municiones. Las combinaciones de colores indican las armas por orden jerárquico: en la primera cuerda, las más nobles, como las lanzas; después, en la segunda, los dardos; a continuación los arcos y las flechas; y así hasta las mazas, las hachas y las hondas.
El sentido de torsión de los hilos de la cuerda tendría también signifi­cado. Las cuerdas cuyos hilos gira­sen hacia la derecha representarían conceptos positivos, mientras que las cuerdas hiladas a izquierdas tendrían un sentido negativo.
El misterio de la ausencia de escri­tura quedaría resuelto de hallar sig­nificado a la orientación en la que se torció la cuerda; pues, ¿cómo es posible que una civilización de suma complejidad, cuyo poder se extendía sobre el territorio que hoy abarca Perú, Bolivia, Ecuador y el norte de Chile y de Argentina, pudiera prescin­dir de la escritura? Sería tan impensa­ble como una Grecia sin lengua.
Gary Urton, de la Universidad de Harvard, cree haber desvelado un lenguaje en código binario transcrito en las cuerdas de los quipus. Se trataría de un sistema completamente inédito (hoy es todavía objeto de de­bate) y radicalmente distinto de nues­tro sistema de escritura. Según Ur­ton, cada nudo sería el resultado de una sucesión de seis decisiones (los arqueólogos del Neolítico hablarían de "cadenas operatorias") ¿Ha de hacerse el nudo con pelo de llama o lana de oveja? ¿Ha de ir una cuerda en la parte superior o en la inferior? ¿Deben ser azules o rojos sus hilos? En lo referente a los colores, Urton utiliza la terminología y el simbolis­mo de los tejedores bolivianos, que distinguen 24 colores.
Este antropólogo diferencia, en total, seis decisiones binarias y una de opciones múltiples (el color). En definitiva, el repertorio informativo de un quipu constaría de 26 x 24 = 1536 signos, un repertorio de ma­yor extensión que el de la escritura cuneiforme mesopotámica o el de los jeroglíficos egipcios. Un quipu abarcaría, pues, más que un mero recordatorio. Urton llevará a cabo la informatización de todos los detalles de los quipus disponibles. Pretende, además, hacer accesibles tales datos a cuantos deseen estudiar y descifrar el código.
En junio de 2003, Carne Brezine, tejedora y matemática, proporcionó una copia de las transcripciones de unos quipus descubiertos delante de una caverna situada sobre el lago de los Cóndores, en el norte de Perú. Largas series de nudos aparecían, casi idénticas, en tres de los quipus; ello indicaba que la información se había copiado de uno a otro, igual que los monjes copistas de la Edad Media reproducían los manuscritos.
Laura Laurencich Minelli, de la Universidad de Bolonia, aboga tam­bién por la existencia de un signi­ficado no numérico en los quipus. En fecha reciente, ha descrito un manuscrito del siglo XVII, atribui­do a Joan Antonio Cumis y a Joan Anello Oliva, que encerraría infor­mación detallada sobre los "quipus literarios". En el documento de estos dos jesuítas estaban intercaladas tres páginas de dibujos firmados por Blas Valera y un sobre que contenía un fragmento de un quipu. Según Cumis, ciertos quipus, los de la realeza, se distinguirían de los destinados a la contabilidad. Sin embargo, pocos de ellos habrían sobrevivido a los "autos de fe" de la Inquisición española.
Respecto de la forma en que el quechua se escribía mediante nudos, Cumis señala que: "La rareza de las palabras y la posibilidad de modificar un mismo término mediante partí­culas o sufijos ha permitido a los incas la confección de un diccionario sin papel, ni tinta, ni pluma [...]. Mi interlocutor elaboró luego la lista de las palabras principales, así como la forma de codificarlas en un quipu".
Quizá nos hallemos todavía lejos de comprender la interpretación que los quipucamayocs hacían de los quipus. Hasta la fecha, sólo se han descifrado con certeza las reglas nu­méricas; queda por desvelar el miste­rio de las combinaciones de símbolos, colores y posiciones.

Atarse los zapatos.

Nudo de corbata.
Trucos de magia.
Nudo curativo

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